COSTRA LÁCTEA. ¿QUÉ SON ESAS CASCARITAS?

En esta nota analizamos las diferentes posturas, así como la opinión de los especialistas, para que te informes y saques tus propias conclusiones. Pero antes de evaluar las ventajas y desventajas, empecemos por definir qué es el colecho: se trata de un hábito bastante difundido en todo el mundo, que consiste en que el bebé duerma junto con sus padres en la misma cama.

Antiestética pero inofensiva, la costra láctea es muy común durante los primeros meses de vida.

Es tan común como antiestética:

se manifiesta como escamas de color blanco o amarillento, que se adhieren fuertemente al pelo y al cuero cabelludo. Puede permanecer desde algunos días hasta varios meses, y su aspecto puede ser grasoso y untuoso, y en ocasiones seco.

Aunque generalmente se localiza en el cuero cabelludo, también puede formarse en el entrecejo, las cejas, e inclusive en la frente, lugares donde se concentra gran cantidad de glándulas sebáceas.

Contrariamente a lo que muchos creen, la costra láctea no es una descamación cutánea ni es producto de la falta de higiene:

se formaría debido a una producción excesiva de grasa (sebo) de las glándulas sebáceas del cuero cabelludo del recién nacido.

Se produce con mayor frecuencia en los bebés amamantados:

a través de la leche, recibe hormonas maternas que provocan la grasitud. Sin embargo -aunque con menor frecuencia e intensidad- la costra láctea también puede formarse en la cabecita de los bebés alimentados con leche de fórmula, debido a las hormonas que el bebé recibe de su mamá antes del nacimiento.

Qué hacer.

La costra láctea suele ser un motivo de consulta habitual por parte de las flamantes mamás, que acuden desesperadas al médico en busca de una solución (seamos sinceros, el aspecto no es nada agradable).

En realidad, no es necesario hacer nada, porque más allá de lo antiestética que resulta, no es perjudicial ni tampoco contagiosa.

Los caminos a seguir son dos: dejar que se caiga sola, o intentar quitarla en forma manual, con la ayuda de un preparado especial de aceite mineral (no obstante, esta decisión debe ser aprobada por un dermatólogo infantil).

Otra posibilidad -aunque no siempre exitosa- es frotar el cuero cabelludo con aceite para bebés o vaselina antes del baño, para ablandar las costras, y luego peinar en sentido del crecimiento del pelo con un cepillo suave.

IMPORTANTE:

jamás intentes quitar la costra con un peine común. El cuero cabelludo del bebé es muy sensible y podrías lastimarlo. Tampoco uses el peine fino, porque terminarás arrancando los pelitos y lastimando el cuero cabelludo.

En ocasiones, se recurre a shampoos especialmente elaborados, pero deben ser recetados por el pediatra, que indicará cuál es el más adecuado para el bebé y en qué forma debe usarse.

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